Martes, 18 Octubre 2016 07:38

Malas escogencias. ¡Los inútiles al poder!

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Ningún escenario político es más favorable a los costarricenses que poder escoger entre varios magníficos candidatos. ¡Los partidos políticos deben deslumbrarnos con su excelencia humana! Lo deplorable es que las buenas personas, inteligentes y capaces, honestas y diestras no aceptan entrar en la política ni en la administración pública. Han sido deliberadamente espantadas de ella por el matonismo político.

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Costa Rica se ha visto sometida a una brutal campaña de medios y de redes sociales en la que se ha afirmado una y mil veces que los líderes políticos son “todos corruptos” y además “siempre los mismos”. Esto ha generado percepciones políticas gravísimas en torno a la honestidad de toda la clase política y la necesidad de su reemplazo de manera urgente, súbita, e irreflexiva. Pareciera que su designio es desmantelar la estructura de partidos que es la primera línea de defensa de la democracia.

Tenemos que perseguir la corrupción pero solamente a los corruptos, sin generalizar, focalizando la acción sobre los presuntos culpables. El principio de la presunción de inocencia debe restablecerse plenamente.No se desecha lo bueno. No se descarta lo que sirve. Quitar lo que funciona para experimentar con lo que no sabemos si funcionará es tremendamente riesgoso. El matoneo político busca alejar a las buenas personas, no debemos tolerar la corrupción jamás, pero linchar inocentes tampoco.

Todo ello ha sido una argucia preconcebida e inteligente y diligentemente ejecutada como herramienta política para destruir la legitimidad de toda la clase dirigente costarricense sin distingos. Así se destruye el sistema. El objetivo último es acabar con la democracia.

No deben los costarricenses elegir con el sentimiento, lo que demanda el ejercicio sereno de la razón. No deben los costarricenses seguir la estrategia de juzgar a todos corruptos sin pruebas, a base de rumores, y demandar su sustitución inmediata. Los costarricenses deben buscar elegir a las personas más honestas, íntegras y capacitadas para el ejercicio de los puestos elegibles y de la administración pública. Los jerarcas y diputados deben ser escogidos de entre los comprobadamente decentes y honestos.

Los inútiles generan daños incalculables al país al no hacer nada o hacer las cosas mal. Son tan perniciosos que los costarricenses hemos apreciado esas claras incapacidades en su quehacer diario, en su conducta, en sus discursos, en su falta de congruencia, en sus frecuentes contradicciones.

No podemos elegir inútiles. No podemos llevar a personas a experimentar con el Estado. No podemos sustituir a los que saben por los que ignoran. No podemos conspirar contra el interés nacional ni contra el particular de todos los costarricenses. No hay sustituto al conocimiento y la capacidad. No hay alternativa a la integridad y a la honestidad.