Miércoles, 01 Febrero 2017 10:41

Un ‘pura vida’ deshumanizado

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Los ticos somos reconocidos a nivel mundial como personas agradables, carismáticas y serviciales. Ya lo hemos leído en diferentes medios de comunicación y así se nos ha acreditado el título de “El país más feliz del mundo”.

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Sin embargo, usted y yo sabemos que la realidad puede ser un ‘poco’ distinta. En algún lugar, entre aplicaciones tecnológicas y el corre-corre diario, nos hemos quedado perdidos. Vivimos una guerra al volante, en el supermercado, en el trabajo y hasta en los hogares.
Y cómo médico debo reconocer que en el área de la salud también nos hemos dejado ganar. De una u otra manera, hemos perdido la esencia de cumplir el objetivo real. Por concentrarnos en nuevas tecnologías y enfocarnos en el conocimiento, hemos ido relegando la satisfacción de los pacientes.
En el ámbito académico, nos dejamos llevar por conceptos, exigencias y notas. Y este puede ser el más caro error que pague la sociedad. Conscientes de esto, hemos hecho el esfuerzo de ir cambiando nuestra cultura, volcándonos a graduar profesionales humanizados con el objetivo de que se conviertan en ciudadanos humanizados, que es lo que tanto necesita Costa Rica.
En una época en la que, la marca de la ropa o el modelo de un vehículo, define la identidad de las personas, humanizar es devolver la importancia al rostro que cada uno tenemos. Porque nuestros pacientes son humanos, con sueños y temores, es que los profesionales de las ciencias de la salud debemos gestar una nueva cultura, un nuevo estilo de vida.
El costarricense está desencantado por muchas razones, y no es un secreto que el sistema de salud público es una de las mayores frustraciones. Costa Rica tiene las bases y todo el potencial para convertirse en un país que ofrece atención médica de primer nivel, pero el recurso humano falla. El sector médico no se está enfocando en mejorar la calidad de vida de las personas sino más bien en reducir la lista de citas diarias.
La gabacha blanca que portamos es el principal símbolo del poder que tenemos de cambiar vidas, pero no lo estamos valorando. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de sustituir una queja por una sonrisa y de cambiar la decepción por alivio y bienestar. Mientras tanto, nosotros como ciudadanos tenemos la misión de portar meritoriamente el ‘pura vida’ que copiosamente alardeamos.
Ojalá que hoy entre las miles de tareas que tiene pendiente, el estrés de los problemas cotidianos sin resolver y en el contexto del inicio de este nuevo año, pueda detenerse cinco minutos a reflexionar sobre este tema y que sobre todo, pueda realizar acciones que vayan cambiando la realidad nacional y nos convierta en un país verdaderamente feliz.