Jueves, 26 Enero 2017 06:04

Sagrada misión de la enseñanza

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El 22 de noviembre se celebró el Día del Docente, fecha que se estableció el 7 de octubre de 1915 en honor al cumpleaños del licenciado Mauro Fernández Acuña, quien, precisamente, nació un 22 de noviembre de 1843 y quien fuera el gran reformista de la educación en Costa Rica.

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Valga señalar que también el 23 de noviembre se estableció como el Día de la Confraternidad del Maestro Costarricense para celebrar a los educadores quienes se han constituido en un aporte fundamental en la construcción espiritual y académica de los pueblos.
¡Y cómo no valorar esta sagrada misión de la enseñanza! Si definitivamente la labor educativa de los docentes, aunque pocas veces recordada, es una de las más valiosas funciones sociales en el progreso, bienestar e igualdad de los pueblos ya que los docentes constituyen actores cambios personales, espirituales y sociales.
Su misión ha sido la de contribuir al crecimiento de sus alumnos incorporando sus dimensiones biológicas, afectivas, cognitivas, sociales y morales. Su función es mediar en el proceso por el cual niños, jóvenes, y hasta adultos, desarrollan sus conocimientos, capacidades, destrezas, actitudes y valores, en el marco de un comportamiento que valora a otros y respeta tanto los derechos individuales como sociales.
De ahí que ser docente haya implicado, sin duda alguna, una gran responsabilidad, pues no son solamente transmisores de conocimientos; son, también, formadores. Cuya misión ha sido la de forjar estudiantes quienes sean ciudadanos bien informados y motivados, quienes puedan pensar de manera crítica, analizar los problemas nacionales e internacionales, encontrar soluciones, llevarlas a cabo y aceptar su responsabilidad social y moral con la Patria que los abriga.
De ahí que ser profesor no ha sido solamente estar al frente de un grupo de estudiantes y enseñar. Significa tener una vocación, un espíritu de servicio, un cabal deseo de compartir sus experiencias y un firme propósito de formarse en el arte de la enseñanza.
Por eso, el mayor de los reconocimientos a esos educadores quienes realmente han sabido construir en las aulas un proyecto democrático, han asomado a los estudiantes al respeto de la Patria, han formado ciudadanos responsables, han alimentado la esperanza en momentos difíciles, han impartido su conocimiento con respeto, responsabilidad y pasión, han predicado e inspirado con el ejemplo, han motivado a plasmar los sueños de cada uno de sus pupilos y han dejado huella en el alma de sus estudiantes.
A la vez, los insto a tener siempre presente la frase expresada por Howard Hendricks que dice: “La enseñanza que deja huella no es, básicamente, la que se hace de cabeza a cabeza, sino aquella que se trasmite de corazón a corazón”.