Lunes, 31 Octubre 2016 09:25

No es solo una cuestión de percepciones 31

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La opinión pública nacional tiene claramente definido que uno de los principales problemas de Costa Rica es la inseguridad ciudadana. Basta revisar detalladamente encuestas o las informaciones en algunos medios de comunicación para encontrarse el mismo abanico de delitos preocupante y alarmante de todos los días: asesinatos, violaciones, robos, ultrajes…

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Sin embargo, vale preguntarse si ¿efectivamente está la población tomando medidas ante este flagelo?..., ¿estarán las personas denunciando los actos de delincuencia de sus comunidades?..., ¿se tomarán las adecuadas precauciones cuando se camina por la calle o se anda en carro?..., ¿si se habrá tomado seriamente conciencia del impacto que está generando la inseguridad en nuestra sociedad?...

O, por el contrario, ¿se seguirá con la idea de que es el Gobierno el que tiene que solucionar todo?, o, peor aún, con el pensamiento de que como a mí no me ha pasado, entonces no tengo la obligación de preocuparme… No olvidemos que la seguridad ciudadana es tarea de todos y que representa un trabajo especialmente preventivo.

Es ilógico que en esta época las personas se resistan a comprender que la inseguridad ciudadana ya pasó de ser un problema, para convertirse en una amenaza y, a como vamos, perfectamente podría transformarse en un desastre. Quienes han sido víctimas de la inseguridad ciudadana podrán comprender la magnitud de este fenómeno, tal vez usted no lo ha sido, no obstante pregúntese qué pasaría si usted, o sus familiares, fueran las víctimas.

No es solo una cuestión de percepciones, sino que el problema de la inseguridad es real y grave. Y corresponde comprenderlo en toda su magnitud, sin minimizarlo ni sobredimensionarlo y elaborando políticas públicas que tomen al toro por las astas. No es cuestión de atemorizar, sino de generar una real y pronta toma de conciencia porque el riesgo está latente hoy en el país y, en cualquier momento, perfectamente podríamos ser nosotros las víctimas.

Definitivamente la inseguridad ciudadana se debe erradicar desde los más diversos ámbitos, llámense gobierno, instituciones públicas o privadas, centros de enseñanza y dentro de las mismas familias. Pero es, precisamente, en el corazón de la familia donde desde un principio se debería impartir una educación integral y un compromiso social con la sociedad basada en valores.

Ciertamente la indiferencia, la falta de cooperación, la carencia de decisiones efectivas, el acostumbrarse a esta problemática o la inacción, son los grandes impulsores de este flagelo que estamos viviendo. Por ello, leyes más efectivas, revisión severa al sistema de impartición de la justicia, una lucha frontal y sin cuartel a la corrupción o un enérgico programa de educación en valores, siguen siendo asignaturas pendientes en esa necesaria lucha contra los actos delictivos.