Viernes, 28 Febrero 2014 08:45

NO a la violencia en los estadios y el fútbol

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Un escritor uruguayo ha analizado con poesía y magia el fenómeno del futbol. Se trata de Eduardo Galeano. Tiene un libro maravilloso que se llama “Futbol a sol y sombra”. En ese libro, se refleja el amor que tenemos en América Latina por el futbol.

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Por ejemplo, cuenta que en una ocasión venían muchos niños en la parte trasera de un camión, después de un partido de futbol, y coreaban, ¡ganamos, perdimos, igual nos divertimos! El futbol es un fuego, una forma de diversión, en el que el ser humano hace una metáfora también de sus luchas. Por eso, muchas veces usa un lenguaje bélico, por lo que se habla de términos como arquero, bombardero, bombazo, escudero y cañonazo. Pero el ser humano sublima ese mundo violento en el futbol precisamente para prevenir la violencia. El deporte es una gran barrera contra las agresiones, contra los odios y contra las drogas.
Por eso, duele tanto que aquí las barras de los principales equipos de futbol se hayan convertido en nidos de vandalismo y violencia. Duele ver cómo muchachos que siguen a los principales equipos del futbol agreden a los aficionados de los otros equipos, asaltan en las afueras de los estadios, toman buses como barricadas y guaridas, siembran el terror por doquier.
Es cierto que la violencia de los jóvenes refleja dos manifestaciones en una sola: primero, una conducta aprendida; segundo, una válvula de escape. Mientras haya violencia en los hogares, en los juegos electrónicos, en la televisión, habrá violencia en la juventud. Además, mientras haya pobreza, exclusión, hacinamiento, habrá violencia. Mientras las personas vivan como en encierros en La Carpio, en Aguanta Filo, en Rincón Grande de Pavas, en Infiernillo de Alajuela, la violencia será siempre una forma de respuesta, de salida, de compensación ante tantas frustraciones. Pero eso no quita que los equipos deban asumir su responsabilidad. Debe tenerse mano dura contra las barras. Quien tenga una conducta violenta en un estadio, nunca más debe ser recibido en este tipo de espectáculos. Aprendamos de otros países. Tengo un ejemplo: el portero costarricense Esteban Alvarado tuvo que enfrentarse a un aficionado en Holanda que invadió la cancha y quiso agredirlo. Esteban tuvo que defenderse. En Holanda, no sólo se defendió al jugador sino que, cada vez que juegue el equipo de este portero, el agresor no sólo no puede ingresar al estadio, sino que además, tiene que estar en una delegación de policía. Así hay que actuar: sin contemplaciones. Los muchachos que golpean a personas o que rompen sillas o paredes en los estadios o destrozan buses, deben aprender que esa conducta les genera un perjuicio, y ese perjuicio debe ser su ausencia total de los estadios. No hay otra manera de castigar la violencia en el futbol. ¡Las barras fuera, por el bien del futbol y de la familia costarricense!

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