Miércoles, 24 Marzo 2010 18:00

LA VOZ DEL CHIRRIPÓ

Escrito por JOSÉ LUIS VALVERDE MORALES.

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Recientemente viaje al Chirripó, no sé si será el último, quería hacerlo sin prisa, en silencio, percibiendo el decir del agua, de los árboles, de ese peñón mágico, el tejido más cercano de la patria a lo infinito del cielo.

Al despuntar el alba el sonido particular del jilguero semeja el chirrido de una enorme puerta, sentí su mandato: “Aléjate del grupo para que escuches las voces del camino”.

Solitario, contemplé un enorme roble, comprendí frente a su corteza húmeda, que en la vida uno se puede descascarar, pero seguirá creciendo en tanto tenga las entrañas y el corazón fuertes.

El ascenso debate al  caminante entre la senda por delante y la renuncia, los músculos y el cerebro entablan un misterioso diálogo. La lluvia hizo del polvo fango, a veces es necesario introducir las extremidades en el lodo para proseguir la ruta.

Los caballos de los porteadores mandan en la estrecha vía, en la existencia aparecen seres con estas características, la máxima es “súbete a la loma para que pasen”.

En la cuesta más empinada un hombre asciende a pesar de una  visible discapacidad: “Algunos alcanzarán la cima renqueando, otro no la alcanzarán corriendo”.

Las enseñanzas se suceden, un tronco aparentemente muerto pareciera exclamar que:”Aún el árbol caído, es simiente de vida y esperanza” algo que  reafirma un predio devastado por un incendio, recuerda que: “de las cenizas brotará la vida”.

Es imposible no asociar las escenas hasta con la política, donde emergen figurillas nacidas de la lisonja y la adulación: “A veces el bejuco sube, pero nunca tendrá la majestad del árbol”

Un  zumbido llama la mirada: “las abejas guardan la miel en las entrañas del árbol grande”. La solidaridad de la naturaleza es evidente, un enorme árbol sostiene a su vecino de igual tamaño cuando este se fractura.

No se si volveré al Chirripó, hay despedidas con sabor a retorno, resuena en la mente lo escrito en un letrero del camino: “Aunque los pasos se volvieran lentos y la energía se convierta en fatiga, queda siempre por dentro el instinto primitivo de la fuerza de voluntad”.