Martes, 09 Abril 2013 05:40

La familia ha de seguir siendo lo que ha sido..."

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Mis papás cumplieron 63 años desde que, a las 6:00 am de aquel 11 de febrero, un sacerdote les pidió que sortearan todos los obstáculos que la vida les plantearía para sacar adelante a su familia. Les pidió comprometerse a cuidarse, respetarse, amarse y a recibir el don de la vida con la venida de los hijos. Les dijo que en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o la pobreza se mantuvieran unidos como en aquella posiblemente fría mañana del verano de 1950.

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Obedientes mis padres, porque no han dejado de ejercer esas tareas. La primera que acataron fue la de abrirse a la vida, pues concibieron la nada despreciable suma de 12 hijos, que por bendición de Dios, seguimos en este mundo dando lata. Hijos tan diversos en color, tamaño y temperamento como aquella docena elegida por Jesús; y aunque no hubo un Judas en la familia, es posible que haya algún Pedro, aunque no por el nombre sino por terco.

¿Cómo le hicieron mis papás para sacar la tarea? Creo que la fe jugó un papel fundamental y sin duda alguna, fue ese pilar y principal herencia, visible en las oraciones de mi madre, la que en mucho o en todo, garantizó que ninguno de los 12 hijos se perdiera en el mundo de la relatividad de la fe.

La otra variable fue el valor supremo de que los bienes materiales (muchos o pocos); solo se logran con trabajo honesto. Aquello que nos enseñaron de que “lo que es mal habido es mal servido”, caló profundo en todos y eso nos hizo personas que siempre hemos querido trabajar para ganarnos el arroz y los frijoles de cada día.

También la solidaridad jugó su papel, pues en las muchas carencias que significó mantener 12 bocas, siempre hubo como compartir con el vecino y con la misma familia que tal vez no tenía nada. Compartir es aun hoy una norma donde mis papás; pues es imposible llegar donde mi mamá sin tomarse un cafecito con una arepa o una tortilla hecha por sus manos benditas.

Por último el Amor. Fue ese, el último de los valores supremos sobre los que se construyó esa familia. Aquella lectura de San Pablo, caló profundamente en aquellos jóvenes: … "... el amor es benigno; no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad..”. Debió pesar lo de que “…todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…” y que “el amor nunca deja de ser..."

En la felicidad y la gratitud a Dios por el don de la familia y por la larga vida de mis padres. En el agradecimiento a CANARA por dejarme ocupar el espacio para esta reflexión, no puedo yo dejar pasar la oportunidad de llamar al rescate de la familia como única posibilidad de subsistencia de esta sociedad.

La familia ES y debe seguir siendo la base de la sociedad. Renunciar a esta verdad sería como negar la existencia del amor y ese… no pasa NUNCA...

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