Martes, 20 Junio 2017 05:47

Hacia un voto razonado

Escrito por

Dijo el politólogo británico David Lloyd George que “las elecciones, a veces, son la venganza el ciudadano. La papeleta es un puñal de papel”. Esta frase es cierta y peligrosa, de sumo peligro, pues lamentablemente las personas no votan con la razón sino con las emociones y se desnaturaliza la figura de la elección ya que muchas veces el voto se ejerce sin realizar la más mínima reflexión al respecto.

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

Descargar


Se aproximan las elecciones en Costa Rica el año venidero y aún no hay un panorama claro sobre lo que se quiere hacer. La mayoría de los partidos políticos son caleidoscopios ideológicos que acomodan sus discursos conforme a la marea de la opinión pública, lo cual no es sino un planteamiento demagógico que resta credibilidad a quienes lo realizan.
Surge la pregunta clave: ¿Por qué si, a sabiendas de que es inmoral acomodar el discurso ideológico de esa forma, los líderes de esos partidos políticos aun así lo hacen? Muy sencillo, porque las personas olvidan rápidamente esas inconsistencias y muchos votan por tradición, emoción o simplemente para formar parte de la algarabía electoral que no tiene que ver con el regocijo legítimo de vivir en democracia y tener el privilegio de botar sino más bien, como se diría en buen tico, “para hacer molote”.
La democracia bien ejercida nos permite elegir gobernantes responsables de quienes podemos exigir que lleven a cabo la labor encomendada con esmero y eficacia, pero si elegimos al primer populista que aparece en televisión con caravanas, carros alegóricos y conciertos de música popular, el proceso de elegir a un gobernante pierde su esencia y se vuelve un festejo y no una fiesta donde lo último que la gente hace es pensar.
Para elegir de manera adecuada se necesita saber de qué estamos hablando. Nuestras opiniones y posturas nunca coincidirán en un ciento por ciento con las de otras personas, por eso es necesario el consenso y la representación democrática. Debemos conocer los hechos que rodean a los candidatos, las gestiones de sus partidos y la realidad del país. No caigamos en la trampa del demagogo que define las cosas sin siquiera saber si en realidad son como él dice y mucho menos hablemos de conveniencia o moralidad si no sabemos si algo ha pasado o no. Analicemos los hechos, los términos y definiciones que nos presentan y evaluémoslos en un contexto práctico y moral. Al final de realizar estos pasos podremos ir a votar.
Votar no es un festejo popular sino una fiesta. Votar no es un tema de hígado ni tradición. Votar no es ir a las urnas porque no hay nada más que hacer en casa. Estas próximas elecciones emitamos un voto razonado no solo por nosotros sino por las futuras generaciones.