Jueves, 11 Mayo 2017 05:42

Conflictos y democrática

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Los humanos tienen una gran variedad de deseos, a veces contradictorios. La gente aspira a la seguridad, pero le fascina la aventura; desea la libertad individual; sin embargo, exige la igualdad social. Lo mismo pasa con la democracia; por ello, es importante reconocer que en toda sociedad democrática surgen algunas de esas tensiones.

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En muchos aspectos, la democracia no es sino un conjunto de reglas para lidiar con conflictos. Al mismo tiempo, el conflicto se debe manejar dentro de ciertos límites cuyos resultados deben ser concertaciones, consensos u otros acuerdos que todas las partes acepten como legítimos.

Si se hace excesivo énfasis en uno de los miembros de la ecuación, se puede poner en peligro todo el proceso. Es decir, si los grupos ven la democracia como un simple foro para ventilar sus demandas, es posible que la sociedad se destruya desde adentro; pero si el gobierno presiona para lograr el consenso, y con ello sofoca la voz del pueblo, la sociedad puede ser aplastada desde arriba.

Por lo que vemos, no existe una solución sencilla o única. La democracia no es una máquina que funcione por sí sola en cuanto se le insertan los principios y procedimientos adecuados. Una sociedad democrática requiere la dedicación de ciudadanos quienes acepten el carácter inevitable de los conflictos y la necesidad de la tolerancia.

Por ello es tan importante desarrollar una cultura de la democracia donde los grupos y los individuos estén dispuestos a tolerar, por lo menos, sus diferencias recíprocas, al reconocer que la otra parte tiene derechos válidos y un punto de vista legítimo.

Las partes contendientes de una disputa, ya sea en un barrio local o en el mismo parlamento nacional, se pueden reunir con espíritu conciliatorio para buscar una solución específica, basada en el principio general del gobierno de la mayoría y la protección de los derechos de la minoría.

Tengamos en cuenta que la democracia no es un conjunto de verdades relevadas e inmutables, sino el mecanismo por medio del cual la gente puede buscar la verdad, aunque sea de modo imperfecto, mediante los choques y avenimientos que surgen entre distintas ideas, individuos e instituciones.

En este sentido, las soluciones a los conflictos no se ponen a prueba en función de una ideología rígida; por el contrario, deben ensayarse en el mundo real, y es en él donde pueden ser discutidas y modificadas, aceptadas o rechazadas.

Porque, a fin de cuentas, es en una sana sociedad democrática donde el examen y el debate hacen posible detectar los errores; donde se permite que los grupos se reúnan para resolver sus diferencias y donde se brindan las oportunidades para la innovación.