Cámara Nacional de Radio Costa Rica

La verdadera historia del Himno Nacional

Ahora continuamos con la historia de nuestro Himno Nacional.
Preso en una cárcel, obligado a componer un himno nacional, el joven Manuel María Gutiérrez pasó toda la tarde y la noche entera tratando y tratando, pero nada de lo que se le ocurría era de su agrado. Fue hasta las cinco de la mañana, después de pasar la noche en vilo, que pudo componer las notas de lo que por más de 150 años ha sido nuestro himno nacional. La música del himno se conserva hasta nuestros tiempos. Los acordes resonaron por primera vez con ocasión del arribo de las delegaciones diplomáticas de Inglaterra y Estados Unidos. El acto se realizó en el Cuartel Principal, donde después estuvo el Teatro Raventós.
Ronny, ¿Usted sabe dónde estaba el mentado Teatro Raventós?
Diay, fue el teatro que se quemó en un incendio. Estaba el frente del Parque Central, a un costado de la catedral, donde ahora está el Teatro Melico Salazar.
Y sabés cuántas letras ha tenido el Himno Nacional?
Ese dato, yo sé que algunos no lo conocen, pero son 3.
Pegaste porque leíste el Guión.
Diay usted no me dijo que tenía que contestar a ciegas…
Bueno sigamos. El Himno Nacional nació en 1853, cuando el presidente Juan Rafael Mora Porras, nuestro querido don Juanito, que tanto hemos estudiado aquí en Panorama, tuvo la idea de que se creara un himno nacional, para lo cual encomendó al joven Manuel María Gutiérrez, director de la banda militar.
Pasó más de medio siglo antes de que el himno nacional tuviera letra.
En 1879, un alumno del Seminario, pronto a ordenarse sacerdote, el joven Juan Garita, oriundo de Pacayas de Alvarado, Cartago, fue quien escribió una letra para el himno y la firmó con el pseudónimo de Fray Juan. La letra dice así,
Cantaré de la patria querida
El honor, libertad y esplendor.
Con el alma de júbilo henchida,
Cantaré de la patria el honor.
Ceñiré de la patria la sien inmortal
De laurel y de mirto triunfal
Tocaré con placer el clarín del afán,
Honor cantaré a tu gloria y valor.
En tu faz sin afán, tus hijos vivirán,
Siempre unidos gozarán del honor,
Sin triste desdén animados irán
Al glorioso clamor, a la voz de libertad.
Esa fue la letra durante unos años, como lo registraron figuras de la patria como don Miguel Obregón y don Jesús Núñez. Luego, Juan Fernández Ferraz escribió una nueva letra, que apareció en el libro de Cantos Escolares. El maestro Campabadal le hizo algunos cambios, y lo promulgó por escuelas y colegios. Esa segunda letra dice así,
De la patria el amor nos inspira,
Elevémosle un himno triunfal,
De Tirteo en la bélica lira
Celebremos su gloria inmortal.
Nuestra voz acordada resuena viril
Desde el Ande gigante a la mar,
Y repiten los valles cual trueno rugiente,
Las bélicas notas del patrio cantar.
Desde el bosque sombrío al florido pensil,
Cunda el eco potente, sublime, ferviente,
Y al aura bendita holocausto de amor,
Las preseas llenemos de gloria y honor.
Esa letra se utilizó hasta 1903, cuando el ministro de Instrucción Pública, Manuel de Jesús Jiménez, y el presidente Ascensión Esquivel, promovieron un concurso para escoger una letra definitiva para el himno nacional, El concurso lo ganó José María “Billo” Zeledón. Y el segundo lugar lo obtuvo el novelista Jenaro Cardona, autor de la novela “El Primo”. Don Billo ganó un gran premio de quinientos colones.
Colaboración del periodista Camilo Rodríguez Chaverri
Ahora continuamos con la historia de nuestro Himno Nacional.
Preso en una cárcel, obligado a componer un himno nacional, el joven Manuel María Gutiérrez pasó toda la tarde y la noche entera tratando y tratando, pero nada de lo que se le ocurría era de su agrado. Fue hasta las cinco de la mañana, después de pasar la noche en vilo, que pudo componer las notas de lo que por más de 150 años ha sido nuestro himno nacional. La música del himno se conserva hasta nuestros tiempos. Los acordes resonaron por primera vez con ocasión del arribo de las delegaciones diplomáticas de Inglaterra y Estados Unidos. El acto se realizó en el Cuartel Principal, donde después estuvo el Teatro Raventós.
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Ronny, ¿Usted sabe dónde estaba el mentado Teatro Raventós?
Diay, fue el teatro que se quemó en un incendio. Estaba el frente del Parque Central, a un costado de la catedral, donde ahora está el Teatro Melico Salazar.
Y sabés cuántas letras ha tenido el Himno Nacional?
Ese dato, yo sé que algunos no lo conocen, pero son 3.
Pegaste porque leíste el Guión.
Diay usted no me dijo que tenía que contestar a ciegas…
Bueno sigamos. El Himno Nacional nació en 1853, cuando el presidente Juan Rafael Mora Porras, nuestro querido don Juanito, que tanto hemos estudiado aquí en Panorama, tuvo la idea de que se creara un himno nacional, para lo cual encomendó al joven Manuel María Gutiérrez, director de la banda militar.
Pasó más de medio siglo antes de que el himno nacional tuviera letra.
En 1879, un alumno del Seminario, pronto a ordenarse sacerdote, el joven Juan Garita, oriundo de Pacayas de Alvarado, Cartago, fue quien escribió una letra para el himno y la firmó con el pseudónimo de Fray Juan. La letra dice así,
Cantaré de la patria querida
El honor, libertad y esplendor.
Con el alma de júbilo henchida,
Cantaré de la patria el honor.
Ceñiré de la patria la sien inmortal
De laurel y de mirto triunfal
Tocaré con placer el clarín del afán,
Honor cantaré a tu gloria y valor.
En tu faz sin afán, tus hijos vivirán,
Siempre unidos gozarán del honor,
Sin triste desdén animados irán
Al glorioso clamor, a la voz de libertad.
Esa fue la letra durante unos años, como lo registraron figuras de la patria como don Miguel Obregón y don Jesús Núñez. Luego, Juan Fernández Ferraz escribió una nueva letra, que apareció en el libro de Cantos Escolares. El maestro Campabadal le hizo algunos cambios, y lo promulgó por escuelas y colegios. Esa segunda letra dice así,
De la patria el amor nos inspira,
Elevémosle un himno triunfal,
De Tirteo en la bélica lira
Celebremos su gloria inmortal.
Nuestra voz acordada resuena viril
Desde el Ande gigante a la mar,
Y repiten los valles cual trueno rugiente,
Las bélicas notas del patrio cantar.
Desde el bosque sombrío al florido pensil,
Cunda el eco potente, sublime, ferviente,
Y al aura bendita holocausto de amor,
Las preseas llenemos de gloria y honor.
Esa letra se utilizó hasta 1903, cuando el ministro de Instrucción Pública, Manuel de Jesús Jiménez, y el presidente Ascensión Esquivel, promovieron un concurso para escoger una letra definitiva para el himno nacional, El concurso lo ganó José María “Billo” Zeledón. Y el segundo lugar lo obtuvo el novelista Jenaro Cardona, autor de la novela “El Primo”. Don Billo ganó un gran premio de quinientos colones.
Colaboración del periodista Camilo Rodríguez Chaverri