Cámara Nacional de Radio Costa Rica

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Un avenidazo lleno de reflexión …

En la conciencia que estoy tratando de crear ante los inminentes aumentos en el costo de los combustibles y ante la necesidad de sacar de circulación muchos más carros de los que ya moviliza la restricción vehicular,  me fui a dar mis clases de sábado a San José en bus.
Despuntando el alba, caminé desde mi casa en Cartago a la Parada y de allí en bus hasta San José, donde recorrí la Avenida 4, desde el Liceo de Señoritas hasta el Parque La Merced.
La belleza del bulevar no se cuestiona, como tan poco se puede cuestionar el tamaño de la economía subterránea o informal que allí se mueve.  Fue inevitable, que saliera la faceta de profesor y me cuestionara cuántos recursos se movilizan allí sin el más mínimo control de las autoridades tributarias del país.
¡Es tal el contraste en esas pocas cuadras!. Desde la presencia mañanera de personas con guitarras, que al son de melodiosos instrumentos y sus voces, buscan como sortearse unas monedas para poder enfrentar la pobreza a la que han estado condenados. Tal vez por la existencia de una discapacidad, pero ante todo, por la indiferencia de una sociedad en la que la atención de los discapacitados se ha quedado muchas veces en el papel de una ley.
Lo anterior, se entrelaza con la vos del predicador que a primera hora lanza sus consignas que amenazan con la venida de un Dios castigador y terrorífico; profecías que terminan por diluirse  entre los gritos de gran cantidad de nicaragüenses, colombianos y también ticos, que ofrecen nacatamales, medias, discos piratas  que anuncian lo último del cine y de la música cristiana, jabones, tamales asados y  toda suerte de “chunches”.  Incluso, para mi absoluto estupor, se escucha la oferta de celulares usados (posiblemente robados), sin la menor pena ni preocupación,  sin factura y por supuesto, sin ninguna garantía.
En ese recorrido,  logran verse las empleadas municipales barriendo el bulevar, policías municipales en carros, bicicletas y a pie; pasando indiferentes y aunque inquietando levemente a los vendedores, estos rápidamente se reorganizan y continúan con su colosal comercio.
Al final del bulevar,  muy cerca de la Iglesia La Merced; está el bar, que al sonido de música ensordecedora, impide a sus animados ocupantes, darse cuenta de que  el viernes ha concluido, que ya amanecido y que sus escasos salarios han sido dilapidados en aquella prisión de alcohol que los condena a ellos y a sus familias a una pobreza angustiante.  Mientras tanto, el camión cervecero está al frente del local, abasteciendo para la misma rutina en la noche de aquel sábado que apenas inicia.
Ya en el propio Parque La Merced, pululan los nicaragüenses que lo copan diariamente y donde el café, el vigorón, las tarjetas telefónicas viajeras, las raspaditas, los nacatamales y el tamal asado,  concurren como la oferta primordial para los participantes de aquel encuentro tan particular.
Allí, entre la empleada doméstica oriunda de Chinandega y el peón de construcción que vino de Masaya, emerge el concubinato del que nacerá luego un hijo de inmigrantes ilegales,  quienes prolongan su pobreza viviendo en la cuartería de aquel tico inconsciente que luego de recibir el bono de vivienda convirtió su casa en un negocio de cuartería.  Es el mismo tico, que luego fue premiado con una placa de taxi  por sus servicios en alguna campaña política y es el mismo, al que posiblemente luego, le darán otra placa u otro bono de vivienda.
Llego a mis clases e inicio,  contándoles a mis estudiantes sobre mi peculiar recorrido y reflexionando con ellos sobre las particularidades de esta Costa Rica de hoy.  Un país tomado por la ilegalidad de una economía informal de la que viven una enorme cantidad de familias ticas y también extranjeras ilegales,   de la que se enriquece alguien que no sabemos quién o quiénes son y con la que se condena al estado,  a asumir cargas sociales enormes sobre gentes que no tributan, no se formalizan,  que perpetúan su pobreza y que nos encadenan al subdesarrollo a todos.
El objetivo esbozado al inicio de mi comentario se cumplió, pues he ahorrado un poquito de combustible al país, pero he quedado inquieto y preocupado. Ha sido, sin lugar a dudas, un avenidazo lleno de reflexión…
En la conciencia que estoy tratando de crear ante los inminentes aumentos en el costo de los combustibles y ante la necesidad de sacar de circulación muchos más carros de los que ya moviliza la restricción vehicular,  me fui a dar mis clases de sábado a San José en bus.

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DÍA NACIONAL DE LA PERSONA CON DISCAPACIDAD “Un motivo para celebrar”

Asentar en el corazón de cada persona el verdadero compromiso de lucha y transformación histórica para lograr sociedades más justas y dignas, es propio de quienes tienen consciencia de formar parte de un grupo social, que acierta y desacierta constantemente. En esta condición, las personas debemos mantener un responsable y consecuente discurso,  acompañado por acciones coherentes que impulsen experiencias humanas y ciudadanas, para lograr sociedades equitativas y de derechos para todas las personas.
Una mirada de reojo a los asuntos que aquejan a la población con discapacidad en Costa Rica,  podría demostrar que se trata de injusticia social, exclusión ó marginación, a fin de cuentas, una realidad social que nos circunda y de la que, innegablemente, somos parte, aunque para muchas personas la indiferencia haya sido su mejor aliada, teniendo como consecuencia la ignorancia, la injusticia, la pobreza, la falta de oportunidades, en fin,  la muerte social.
La responsabilidad personal, no es menos importante que la responsabilidad social, y de esta depende que la maquinaria del proceso transformador histórico funcione en favor de los derechos de las personas con discapacidad.  El anonimato ha sido una estrategia que justifica el poco compromiso y injusticia humano y social, ignorando que todas las personas sumamos en el devenir de una sociedad que le permite a todos los seremos humanos, ser parte de un escenario digno y justo con auténtica democracia.
En todo lo que cada persona haga o deje de hacer, estará el vivo reflejo de una sociedad comprometida por el respeto a la integridad humana e inclusión de la población con discapacidad.  Así mismo, los verdaderos avances sociales en esta material, serán siempre el resultado de una actitud individual comprometida y al servicio de una causa común por los derechos de todas las personas, indistintamente de su condición.
La historia necesita ser contada por hombres y mujeres, capaces de mantener su mirada firme en el escenario de las verdades sociales, cuyos protagonistas son todas las personas sin exclusión alguna, que no claudican por más inclementes que sean los tiempos y más agrestes que sean los caminos. La realidad de las personas con discapacidad y cada una de ellas, se traduce en tareas desafiantes para cada hijo e hija de esta Patria, con y sin discapacidad.
El 16 de octubre del 2008, nuestro país dio cuenta de un fruto importante en la ardua tarea social y humana de visibilizar la realidad de las persona con discapacidad en Costa Rica, ya que se promulga el Día Nacional de la persona con discapacidad, todos los 29 de mayo de cada año,. Debe ser fecha en la que cada institución procure iniciativas de reflexión y cuestionamiento, relacionadas con su compromiso de resultados incluidos en el famoso Plan Nacional de Desarrollo; que para quienes no sabían, en este se consideran claramente la situación, social, económica y política de las persona con discapacidad.
Las cadenas del conformismo y las actitudes compasivas, han creado el mejor caldo de cultivo, para el germen de la injusticia y la irresponsabilidad humana y social. Esta fecha: 29 de mayo, es un buen momento para alegrarse por la oportunidad de vivir en un país que - gracias a personas visionarias y respetuosas de la dignidad y los derechos humanos - , insiste en proteger y tutelar un estado de derecho para todas las personas.
La oportunidad de conmemorar el día nacional de la persona con discapacidad, es para toda la población costarricense con y sin discapacidad, una fecha para revisar el compromiso personal y social,  relacionado con la lealtad ciudadana por los derechos humanos y civiles de todas las personas.  Momento para un recuento de actitudes y acciones institucionales, sociales y personales, asociada con la responsabilidades por una población con discapacidad de mayores oportunidades, menos pobreza y más participación, encaminando a un país por la senda del compromiso de los derechos y la dignificación de la autonomía y vida independiente de cada persona con discapacidad.
Pueblo costarricense, celebremos con dignidad personal y social, el Día Nacional de la persona con discapacidad.
Róger Ismael Rodríguez Campos
Asentar en el corazón de cada persona el verdadero compromiso de lucha y transformación histórica para lograr sociedades más justas y dignas, es propio de quienes tienen consciencia de formar parte de un grupo social, que acierta y desacierta constantemente. En esta condición, las personas debemos mantener un responsable y consecuente discurso,  acompañado por acciones coherentes que impulsen experiencias humanas y ciudadanas, para lograr sociedades equitativas y de derechos para todas las personas.

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ELECCIÓN DEL MAGISTRADO CONSTITUCIONAL

Se  ha dado la buena noticia de que, por fin, la Asamblea Legislativa nombrará al Magistrado de la Sala Constitucional,  cuyo nombramientos está pendiente desde hace más de un año, por razones varias pero que parecen ceder ante un tema impostergable.
Pues bien, no está de más recordar a los señores diputados algunas acotaciones teóricas, pero con aplicaciones más que prácticas, y que se ventilan siempre con ocasión de tan trascendente decisión.
Una vieja doctrina sobre la función del juez decía que éste debía ser sólo “la boca por la que habla la ley”.
No obstante, ya superada la anterior hace mucho tiempo, las nuevas ideas hablan de que la función judicial como  operadora del sistema jurídico al encarnar, en la figura del juez o magistrado, la delicada función de impartir justicia: piedra angular  en un verdadero Estado de Derecho.
Ello por cuanto el magistrado es un ciudadano, como cualquier otro, con su propia ideología y sistema de valores, aunque sí, obviamente, muy bien formado en materia legal y quien, además, y más importante, debe ser de una estatura moral y ética incuestionable en todo sentido.
Los magistrados son personas que aunque cuentan con virtudes, igual no dejan de tener defectos pero de los cuales no puede obviarse, ni dejarse pasar nunca, estrictamente, que cuente con una  moralidad y una conducta, personal y social, comprobadamente intachable.
En otras palabras, el Magistrado debe ser una  persona, debidamente formada en las ciencias jurídicas, con un sustentado bagaje cultural, con una vida a prueba de todo cuestionamiento ético y que, por su edad, tenga la madurez necesaria para enfrentar los retos de una magistratura judicial.
Para esos nombramientos el referente debería ser quien lo fue en la Sala Segunda, el Dr. Bernardo van der Laat (Q.d.p),  quien fue llamado, en aquella ocasión para que ejerciera  tan alto cargo, sin que hubiera concursado, por ser una hombre de bien, culto, profesional y de conducta intachable; cualidades que deberían servir de “parámetros” en tan delicados nombramientos.
En ese sentido, deben buscarse personas de quienes  se esté seguro que su elección es lo que la Patria merece; ¡ni más ni menos!.
El Poder Judicial se hace efectivo por medio de sus jueces, y éstos sólo estarán sometidos a la Constitución y a las leyes de la República.
El juez imparte “justicia humana” y, como lo afirmó un ilustre jurista nacional, “…el Poder Judicial no sólo es un Poder, sino el más importante de los Poderes”.
Por ello, el costarricense, por medio de sus legales representantes populares, debe velar por preservar este pilar del Estado que, al sostener la democracia, garantiza paz y libertad en una verdadera democracia.
Se  ha dado la buena noticia de que, por fin, la Asamblea Legislativa nombrará al Magistrado de la Sala Constitucional,  cuyo nombramientos está pendiente desde hace más de un año, por razones varias pero que parecen ceder ante un tema impostergable.
Pues bien, no está de más recordar a los señores diputados algunas acotaciones teóricas, pero con aplicaciones más que prácticas, y que se ventilan siempre con ocasión de tan trascendente decisión.

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VIDA Y OBRA DE UN VISIONARIO SOCIAL

Un día como hoy pero del año 1985, falleció en Desamparados, don Samuel Bermúdez Jiménez, Hijo de Don Mariano Bermúdez y María Jiménez, nació el  07 abril de 1924,  en San José. Se consolidó en su juventud dentro de una sociedad  costarricense  como un hombre con gran éxito empresarial.
Visionario de la Radiocomunicación,  dio impulso en Costa Rica a emisoras tan recordadas como Radio Libertad, La Gigante de Centroamérica y posteriormente, generó la plataforma para muchas otras nuevas emisoras. Al cumplir 50 años, constituyó Fundación Ciudadelas de Libertad, entidad con fin social, sin fines lucro a la que de donó todos sus bienes para llevar progreso a la sociedad  por medio de la Cultura y Educación.
Muchos Jóvenes se han graduado profesionalmente por el apoyo de un noble hombre  formado de grandes principios y valores  en el hogar de la Familia Bermúdez Jiménez. Don Samuel, dejó de hacer lo ordinario para propiciar diferencias positivas en la calidad de vida de un pueblo.
Sin libertad no hay vida escribió don Samuel, hoy  26 años después de su muerte, recordamos su vida obra y celebramos la existencia de su Fundación que con 37 años florece y se perfila hacia a más logros humanos.
“Es dando apoyo a los valores del espíritu, como los hombres se hacen hombres”.
En su ejemplo y memoria, exhortamos a Costa Rica a construir empresas solidarias, que lleven la libertad plena a este país, para que las mujeres y los hombres,  alcancen sus ideales de desarrollo.
Lic. Luis César Monge Hernández
Director Ejecutivo
Fundación Ciudadelas de libertad.
Un día como hoy pero del año 1985, falleció en Desamparados, don Samuel Bermúdez Jiménez, Hijo de Don Mariano Bermúdez y María Jiménez, nació el  07 abril de 1924,  en San José. Se consolidó en su juventud dentro de una sociedad  costarricense  como un hombre con gran éxito empresarial.

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Ser excelentes: requisito esencial de vida

Resulta irónico que en una sociedad en donde la educación y el trabajo representan un papel de vital importancia para alcanzar una sociedad más próspera, las personas dejen de lado sus aspiraciones de excelencia para sumirse en un abismo de ignorancia, conformismo, mediocridad o apatía.
Y no es que se exagere en esta idea, son cientos los casos de falta de excelencia que vemos diariamente, ya sea en los centros de enseñanza en donde los alumnos se conforman con obtener un siete; cuando en las ventanillas de alguna institución nos encontramos con empleados sumidos en la inoperancia llegando al extremo de enojarse cuando se les solicita alguna información, o aquel profesional que realiza un trabajo a medias aunque cobre como si lo hubiera realizado con la excelencia requerida.
Por supuesto siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, por eso bien vale preguntarse si nosotros también estamos cayendo en este tipo de comportamiento; si somos personas mediocres, desinteresadas, conformistas, carentes de sentido común y poder de decisión, o, por el contrario, somos de aquellos quienes desean dar en todo lo que realizan un matiz de excelencia para nuestro respectivo crecimiento emocional, espiritual, personal y laboral.
Pues cuando una persona es excelente quiere decir que es un privilegiado como humano porque está en desarrollo constante. Ser excelente es saber entregar respeto a los demás, aprovechar puntos de oportunidad, transformar dificultades en acciones positivas y no hacer por otros lo que estos pueden hacer por sí mismos. Significa saber guiar sin imponer, saber motivar a los que están a su cargo para que también puedan desarrollarse y ver siempre las cualidades de las otras personas con el fin de buscar, constantemente, su bienestar. Es ejercer nuestra libertad y ser responsables de cada una de nuestras acciones. Es saber decir “me equivoqué” y proponerse a no cometer el mismo error. En definitiva, implica trascender a nuestro tiempo legando a las futuras generaciones un mundo mejor.
Ante este panorama, urge, en una sociedad como la nuestra sacudida por el materialismo y la pereza emocional e intelectual, hacer de  la excelencia un requisito esencial de vida, teniendo como norte el constituirnos sólidamente como  humanos, con piezas de calidad como los valores de la justicia, la empatía, el respeto, la humildad o la entereza, fomentando pensamientos de calidad, la creatividad,  el surgimiento de un espíritu de superación, de una constante responsabilidad y visión positiva para incrementar nuestro potencial y ser cada día mejores.
Como lo decía el filósofo griego Aristóteles: "La excelencia es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía". Por eso, el único camino para lograr convertir nuestra riqueza potencial en real es, precisamente, a través del compromiso intenso, responsable, comprometido y de calidad. Todo individuo que tome conciencia, en su ámbito familiar, laboral, educativo, político o social, de lo que es, siente, piensa, hace, desea y dice, está en un darse cuenta de sí mismo y de lo que le rodea.
Recuérdese que en la vida prácticamente todo es posible, y naturalmente alcanzar la excelencia no es una excepción pues esta no tiene límites. Las personas excelentes no nacieron así, la excelencia se construye sobre la base de un mejoramiento personal continuo. Mas el momento para comenzar a ser excelente es ahora, no después, así lo demanda nuestra sociedad; es cuestión de tomar una decisión para cambiar definitivamente los antiguos y peligrosos pensamientos de mediocridad y conformismo e iniciar un sólido trayecto hacia la excelencia.
Resulta irónico que en una sociedad en donde la educación y el trabajo representan un papel de vital importancia para alcanzar una sociedad más próspera, las personas dejen de lado sus aspiraciones de excelencia para sumirse en un abismo de ignorancia, conformismo, mediocridad o apatía.

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